Fortalecer organizaciones no es solo ejecutar presupuesto
Hablar de fortalecimiento de las organizaciones sociales (ORSO) en los territorios no puede reducirse a porcentajes ni a balances administrativos. Mucho menos cuando se trata de recursos públicos provenientes del Presupuesto Participativo, que en la Comuna 14, El Poblado, representaron una inversión cercana a los 150 millones de pesos en el proyecto Orsos a Otro Nivel.
Este tipo de iniciativas deberían traducirse en procesos sólidos, sostenibles y coherentes con las realidades comunitarias. Sin embargo, la experiencia vivida en el territorio plantea cuestionamientos sobre la forma en que se diseñó y ejecutó este programa.
El 97 % de satisfacción y la brecha con la realidad territorial
El 25 de diciembre de 2025, la administración distrital publicó un balance positivo del programa, destacando un 97 % promedio de satisfacción a nivel ciudad, resultado del proceso ejecutado por la Universidad de Antioquia, como operador seleccionado por la Secretaría de Participación Ciudadana.
No obstante, en El Poblado (Comuna 14) la percepción es distinta. No se trata de desconocer el esfuerzo institucional, sino de contrastar ese dato con la realidad vivida por gran parte de las 15 organizaciones sociales beneficiadas en el territorio, cuya experiencia dista del cierre optimista presentado públicamente.
Cuando la urgencia administrativa desplaza la escucha comunitaria
Uno de los principales problemas del proceso fue que la urgencia por ejecutar el proyecto terminó desplazando lo verdaderamente importante: escuchar a las organizaciones, comprender sus contextos y reconocer los diferentes niveles de desarrollo organizativo existentes en los territorios.
La ausencia de una caracterización profunda y situada provocó que el fortalecimiento fuera desigual y, en muchos casos, inefectivo.
Resultados con bajo impacto real en la Comuna 14
Las consecuencias fueron evidentes y concretas para las organizaciones participantes:
- una convocatoria poco efectiva;
- asistencia precaria a los espacios formativos;
- desaprovechamiento de un talentoso equipo de expertos;
- productos de fortalecimiento que nunca llegaron a varias organizaciones.
Estos elementos evidencian una brecha entre la planeación del proyecto y su implementación real en el territorio.
Organizaciones locales sin pago
Como parte del proyecto, se propuso contratar a organizaciones locales para prestar servicios relacionados con la producción de piezas comunicacionales y acciones de fortalecimiento. La intención era positiva: invertir el recurso en la comuna y responder a la demanda generada por el mismo proceso.
Sin embargo, varias de las organizaciones que cumplieron con la entrega de los servicios contratados para aportar al cierre del proyecto en diciembre de 2025, al corte del 20 de enero de 2026 aún no habían recibido el pago correspondiente.
Esta situación dejó a equipos comunitarios sin remuneración en meses críticos como diciembre y enero, afectando no solo la sostenibilidad financiera de las organizaciones, sino también su dignidad laboral, un principio básico cuando se habla de fortalecimiento organizativo y participación ciudadana.
El Bootcamp de cierre: mucho despliegue, poco impacto
La improvisación también se evidenció en hitos clave como el Bootcamp de cierre. Aunque fue un evento con diseño atractivo, buena infraestructura, numeroso personal logístico y una inversión considerable, presentó serias falencias:
- contenidos repetidos de la fase inicial;
- baja articulación entre comunas;
- ausencia de una mirada de ciudad que permitiera aprendizajes conjuntos.
El resultado: mucho despliegue, poca articulación y bajo impacto real.
Fortalecer organizaciones exige procesos diferenciados
Este editorial no busca desconocer lo avanzado ni descalificar el trabajo institucional. Busca algo más urgente y necesario: invitar a una reflexión profunda sobre cómo se diseñan y ejecutan los procesos de fortalecimiento comunitario.
Las organizaciones sociales no parten del mismo lugar ni cuentan con las mismas capacidades. Pretender llevarlas “a otro nivel” sin reconocer el nivel real en el que se encuentran es condenar estos programas a quedarse en la forma y no en el fondo.
Escuchar al territorio también es participación
Cuando la urgencia administrativa se impone sobre la escucha territorial, el resultado no es fortalecimiento: es desgaste, frustración y pérdida de confianza. Y eso, en términos comunitarios, es un costo demasiado alto.
Desde El Poblado en Historias, seguiremos insistiendo en que los recursos públicos deben traducirse en impactos reales, procesos coherentes y respeto por quienes sostienen el tejido social en los barrios. Porque fortalecer organizaciones no es cumplir cronogramas ni ejecutar presupuestos: es escuchar, comprender y construir, con tiempo y con sentido, desde el territorio y para el territorio.

