Romper mitos para cuidar la vida
“La ropa sucia se lava en casa”.
Ese fue uno de los primeros imaginarios que enfrentó el primer Centro de Lavado Comunitario, ubicado en la UVA La Alegría, en Campo Valdez II – Comuna 3. Pero hoy, ese mito empieza a transformarse.
Carolina Castro Londoño, dinamizadora de los Círculos de Cuidado, lo cuenta desde la experiencia: muchas mujeres dudaban en participar porque creían que tener lavadora era suficiente. Sin embargo, el proyecto demostró algo más profundo: no se trata solo de lavar ropa, sino de liberar tiempo y carga mental.
En este espacio, las mujeres encuentran algo poco común en su rutina: tiempo para descansar, conversar y cuidarse.
Un respiro en medio de la carga diaria
En Medellín, lavar ropa puede tomar hasta 12 horas entre separar, lavar, secar y doblar .
Ese tiempo, que muchas veces recae sobre las mujeres, es precisamente el que este proyecto busca devolverles.
Aquí, la dinámica es clara:
- Las mujeres entregan su ropa (hasta 8 kilos diarios).
- El equipo se encarga del proceso completo.
- Ellas participan en talleres, actividades o simplemente descansan.
Pero no es solo un servicio. Es un intercambio de cuidado.
Las beneficiarias también se comprometen a participar en espacios formativos, terapéuticos o recreativos, pensados para su bienestar emocional y social.
Más que lavar: construir comunidad
El centro funciona en la Uva de la Alegría, en Manrique, y hace parte del Sistema de Cuidado de la Alcaldía de Medellín. Allí no solo se lava ropa. Se tejen redes.
Daisy Isabel Olivares Hernández, operaria del Centro, lo resume con orgullo: es el primer centro de lavado comunitario de Medellín, con atención a cerca de 12 mujeres por día, quienes han recibido la iniciativa con entusiasmo.
Y es que el impacto va más allá de lo práctico:
- Se generan espacios de encuentro.
- Se fortalecen lazos entre vecinas.
- Se promueve el autocuidado.
Incluso, hay actividades como biodanza, talleres y encuentros comunitarios que nacen de las mismas solicitudes de las participantes.
Cuidar a quienes cuidan
En territorios como Manrique, muchas mujeres viven lo que se conoce como el “síndrome de la cuidadora quemada”: jornadas intensas dedicadas al cuidado de otras personas, sin remuneración ni descanso .
Este centro responde a una pregunta clave en derechos humanos: ¿quién cuida a las que cuidan?
La estrategia pone en el centro a mujeres con alta carga de cuidado:
- Madres cabeza de hogar
- Cuidadoras de personas mayores
- Mujeres con familiares con discapacidad
Ellas son priorizadas para acceder al programa, reconociendo su realidad y necesidades.
Voces del territorio
Magnolia Yepes, habitante de la comuna 3, lo dice sin rodeos:
“Espectacular este proyecto… reduce la carga, una llega más tranquila y puede compartir con otras personas”
Para muchas, este espacio no solo alivia tareas, transforma la forma de vivir el cuidado.
¿Y en El Poblado?
Aunque este piloto inició en Manrique, ya hay proyecciones para llevar la estrategia a otras comunas de Medellín.
Incluso, se abre la reflexion sobre la posibilidad de llevar este proyecto a otras comunas como la 14, donde también existen necesidades invisibilizadas, especialmente en sectores menos visibles como La Chacona, el Garabato, el Chispero o el Hoyo.
La clave será la participación comunitaria y el uso de herramientas como el presupuesto participativo, para que estas iniciativas puedan llegar a nuestro territorio.
Un modelo que pone la vida en el centro
El Centro de Lavado Comunitario no es una acción aislada. Hace parte del programa Círculos de Cuidado, una estrategia de ciudad que articula esfuerzos para responder a una pregunta urgente: ¿quién cuida a quienes cuidan?
Este modelo reúne a diferentes actores institucionales como la Secretaría de las Mujeres, la Secretaría de Salud, el INDER y la Fundación EPM, entre otras entidades que suman capacidades desde lo público para sostener el sistema de cuidado en Medellín .
Más que un servicio, es una red. Una red donde el cuidado se distribuye, se reconoce y se dignifica.
Porque lavar ropa no debería significar agotamiento. Y descansar no debería ser un privilegio.
En Manrique, hoy, el cuidado se construye entre muchas manos. Y eso ya empieza a cambiarlo todo.





